martes, 11 de abril de 2017

Cronopiando | Gusanos y Caramelos

Les compartimos este Cronopiando de Koldo... y el que quiera entender, que entienda:

Koldo Campos Sagaseta

Gusanos y caramelos

Cuando niño, una de las tareas más ingratas de las que solía ocuparme era la compra. A pesar de que cada vez que mi madre me mandaba a la tienda a por el diario avituallamiento el tendero me obsequiaba un caramelo, hubiera con gusto renunciado a tan dulce recompensa con tal de no tener que enfrentar sus viejas mañas. Abusando de mis pocos años, por cada tomate en condiciones que me vendía también me cobraba un par de podridos tomates para que sus gusanos pudieran conversar, de vuelta a casa, con los de las patatas y los de la lechuga.

Mis tímidas quejas, dado que el tendero ni siquiera se preocupaba en disimular su descompuesta selección, nada podían hacer frente a tantos retóricos alardes y siempre abandonaba la tienda con el bolso lleno de gusanos y el correspondiente caramelo.

De regreso a casa, fuese porque los argumentos del tendero no eran tan buenos o yo no tan elocuente al exponerlos, mi madre se quitaba enojada el delantal, apagaba la olla, se ponía los zapatos y bajaba los cinco pisos sin ascensor camino de la tienda decidida a empapelar al tendero.

Durante algunos días los tomates volvían a ser colorados, las patatas blancas y las lechugas verdes; los gusanos frecuentaban otros hogares y el tendero se abstenía de darme explicaciones y dulces... hasta que se disipaba el humo del incendio, regresaban a casa los gusanos y el tendero retomaba su elocuencia y yo mi caramelo. Mi madre, enojada, se quitaba el delantal, apagaba la olla, se ponía los zapatos y bajaba los cinco pisos sin ascensor decidida a empapelar al tendero, para que esta historia de guanos y caramelos volviera a repetirse.

Pensaba entonces que con los años iba a aprender a defenderme de tanto tendero sinvergüenza que te cobra legumbres y te vende gusanos, que siempre dispone de docenas de diez huevos y de kilos de ochocientos gramos... pero no ha sido así y al igual que tantos otros seguimos siendo estafados cada vez que compramos derechos y nos venden discursos; cada vez que compramos cambios y nos venden copias; cada vez que compramos democracia y nos obsequian caramelos. ¿No será tiempo y hora de cambiar de tienda y de tendero?





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