viernes, 7 de abril de 2017

20 Korrika en Bilbo

Korrika en su vigésima edición sigue haciendo camino a favor del euskera desde Otxandio hasta Iruñea, pasando gracias a la diáspora vasca por Sidney, Londres y Nueva York.

En este reportaje publicado en Deia nos dan a cononcer detalles de su paso por Bilbo:


Una marea de euskaltzales se une a la carrera a favor del euskera en una capital que dio su perfil más popular y genuino.  Mientras la ciudad dormía, Bizkaia veló porque el testigo no perdiera comba

Idoia Alonso

Solo el Athletic de las grandes finales y Marijaia son capaces de transfigurar el estado de ánimo de este Bilbao cosmopolita y conectar la ciudad con su lado más genuino y popular. Pero ayer Korrika obró la misma magia entre las miles de personas que se unieron a la estela multicolor en favor del euskera a pie de carretera o dejándose las manos y las cuerdas vocales desde las aceras. Korrika 20 no falló y Bilbao se rindió a su magnetismo. La carrera entró con el testigo por Zorrotza sobre las 16.50 y salió por Elorrieta casi tres horas después en un cóctel de nervios, emoción y alegría. Un éxito, lo previsto.

Pero, rebobinemos. Cuando la ciudad de titanio aún dormía, el Bilbao Metropolitano se agitaba en la misma coctelera de sentimientos. Pero en vez de con hielo, se mezclaba a fuego lento y a paso ligero. Tipi-tapa, tipi-tapa... Primero todo Uribe Kosta y después Eskuinaldea. Miles de euskaltzales alargaron su jornada laboral o hicieron directamente gaupasa para tomar parte en una carrera que este año celebra la riqueza del euskera y de las lenguas en pie de igualdad. Plentzia, Barrika, Sopela, Getxo... Uno de los momentos con mayor carga simbólica del largo día de ayer fue el momento en el que dos traineras y varios paddle surf se dieron el relevo del testigo para unir ambas márgenes de la ría a la altura de Erandio. Eran cerca de las cinco de la madrugada.

La oscuridad reinante solo se vio rota por la luz de las bengalas y antorchas que desde Barakaldo guiaban el testigo rumbo a Ezkerraldea. Tras una singladura sin percances, Korrika arribó al embarcadero del gasolino en la localidad fabril sobre las 4.55 y fue recibida por decenas de barakaldarras a quienes se les despegaron las legañas de la emoción. Una emoción que fue creciendo a medida que a esa decena de personas de ese primer kilómetro lila (adquirido por la asociación de mujeres Argitan y Berri Otxoak) se le unió un kilómetro más tarde un centenar de personas en la Herriko Plaza. Y a ellas otro centenar en el barrio de Bagatza. De repente, en medio de la madrugada comenzaron a brotar grupos de gente enfundada en mallas y zapatillas en cada esquina, rotonda y plaza de un recorrido que duró una hora y veinte minutos antes de salir hacia Sestao.

Desde la furgoneta, la voluntaria de Korrika no paraba de gritar: “Egun on, Barakaldo!”. Era un eufemismo, sin duda, porque allí sobraba entusiasmo y aún faltaban varias horas para el amanecer. En lo que sí tenía razón era en que Barakaldo estaba muy, pero que muy despierto, a unas horas de lo más canalla en las que ni los kioscos habían subido la persiana. Y es que, en momentos, la caravana festiva llegó a las mil personas unidas por un mismo mensaje: “Barakaldon ere euskararen alde!”. Di que sí, a romper tópicos.

Lo vivido ayer en Barakaldo, como lo vivido en otras muchas localidades de Euskal Herria grandes o pequeñas, es la muestra palpable de que lo de Korrika no tiene truco. Siempre hay un par de manos dispuestas a que el testigo no pare un sólo segundo durante diez días y once noches a lo largo de 2.500 kilómetros para que el mensaje que guarda en su interior pueda llegar a destino. En este caso, a Iruñea el domingo.

Llegados a este punto, el gran Obelix diría aquello de que “están locos estos romanos”. Pero no digan que no es alucinante pensar que estos días hay miles de locos y locas a cualquier hora del día gastando zapatilla a favor del euskera. En definitiva, corriendo a favor de la cultura. Y no solo en Euskal Herria sino también en lugares tan lejanos como Sidney, Polonia, Nicaragua, Nueva York, Londres o París.

Tras dar dos vueltas a Barakaldo, Korrika enfiló hacia Sestao donde fue recibida con el mismo calor e intensidad. Con las primeras luces del día, la carrera llegó a Portugalete y de ahí a Santurtzi para regresar de nuevo a la villa jarrillera para entrar en Mea-tzaldea por Trapagaran. Ezkerralea y Meatzaldea se volcaron con Korrika, quizá porque la Margen Izquierda y la Zona Minera son dos de las comarcas donde vivir y hablar en euskera continúa siendo una lucha diaria, así como un compromiso personal y familiar. Por activismo, por tradición, por amor al euskera, por sentido de pertenencia, por simpatía o incluso por simple folcore, son muchas las razones para participar en Korrika, tantas como formas de sentir y sentirse respecto al euskera.

En el espíritu de los promotores de la carrera (desde aquella primera Korrika Oñati-Bilbao de 1980) siempre ha estado reivindicar la necesidad de apoyar y acercar el euskera a toda la ciudadanía. Treinta y siete años después, AEK ha recuperado y reforzado ese objetivo. No en vano, el lema elegido para esta edición BatZuk -bat (uno/a) y zuk (tú)- pretende ser una invitación a todas aquellas personas que aún desconocen el idioma. Así lo ha hecho ya mucha gente de la comarca de Enkarterri, que fue la última meta volante de la mañana antes de que Korrika entrase a Bilbao y antes de que su coincidencia con una etapa de la Vuelta al País Vasco colapsase el centro de la villa.

Y a media tarde la columna euskaltzale entró a la capital vizcaina por el barrio de Zorrotza, tras su periplo por Zalla, Sodupe, Balmaseda o Artziniaga. Ambientazo, con gran presencia de escolares. Ambientazo también en el tramo del Ayuntamiento a San Nicolás, donde el alcalde, Juan Mari Aburto, y representantes en el Consistorio bilbaino se relevaron en la cabeza de una marcha que a esas alturas ya era multitudinaria. La situación entró en modo clímax en el Casco Viejo, cuyas paredes amplificaban el clamor de una ciudad entregada a la causa del euskera.

También fue una fiesta multicolor y multicultural el paso de Korrika por San Francisco o los barrios de Otxarkoaga y Txurdinaga. Miles de jóvenes, txikis e incluso algún guiri animadete tomaron las calles del centro de Bilbao y el entorno del Guggenheim. A las 20.35 -con un retraso acumulado de 35 minutos- el pelotón de la marcha desembocó en la gran explanada del campo de San Mamés, cuyo luminoso exterior hacía brillar aún más el lema de esta edición. Y de ahí a Autonomía, donde Kike Hermosilla y Alberto Otamendi portaron el testigo del kilómetro de DEIA. Poco a poco, Korrika 20 se adentró en territorio tomatero, Deusto. Y de ahí a San Ignacio que arropó el testigo hasta su despedida de Bilbao por Elorrieta. Próxima gran cita, el domingo en Iruñea. Tipi-tapa, tipi-tapa...

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