viernes, 22 de enero de 2016

La Saga de Iñaki Williams

Este reportaje se lo dedicamos a los ochoapellidistas en ambos lados del pasillo, o sea, tanto a los españolistas que utilizan el argumento para golpetear el derecho a la autodeterminación del pueblo vasco como a los cutres etnicistas - especialmente en la diáspora vasca - que insisten en idealizar torpemente un pueblo vasco hoy inexistente mas que en sus cerradas mentes, llegando al punto de negar la diversidad.

Aquí lo tienen, ha sido publicado en Naiz:

Black is Basque

Beñat Zarrabeitia
Corría el año 2001 cuando Fermin Muguruza publicó su trabajo «FM 99.00 Dub Manifest», en el mismo uno de los temas hablaba del «Bere-Bar» establecimiento regentado por personas de origen árabe en la calle San Francisco de Bilbao. Una zona de encuentro para muchos habitantes procedentes de África instaladas en la capital vizcaína. Años antes, el grupo Zarama popularizó el tema «Iñaki» en referencia a los primeros afroamericanos que vimos en Euskal Herria, una canción no exenta de crítica social versada en la popularidad de unas personas que sufrían un importante desamparo en nuestra propia sociedad. Eran «los Iñakis», con sus relojes y productos de venta ambulante en busca de una vida mejor.

Paralelamente, durante aquella década comenzaron a proliferar una serie de delanteros de raza negra con unas características físicas y atléticas poco comunes hasta ese momento. Un salto de calidad para muchos equipos y selecciones. El caso más paradigmático fue el de Patrick Kluivert, delantero campeón de Europa con el Ajax y doble ganador de la Liga con el Barcelona, un ariete felino, capaz de jugar tanto de cara como de espaldas, gran zancada y visión de juego. Un imberbe Thierry Henry ya apuntaba maneras en el Mónaco y les bleus o en un escalón inferior Gerald Asamoah y Emmanuel Olisadebe se convirtieron en los primeros jugadores de raza negra en debutar con las selecciones de Alemania y Polonia. El impacto fue general e inmediato, tanto que en lo que después ha sido una imagen premonitoria, la candidatura de Fernando Lamikiz a la presidencia del Athletic en las elecciones de 2001, utilizó la imagen de un joven africano con la elástica rojiblanca en San Mamés para identificar el futuro de la cantera del club y, por ende, del país. Finalmente, fue el difunto Javi Uria quien se impuso al abogado de Busturia en aquellos comicios.

Una camiseta que en aquella etapa ya lucía orgulloso en la cocina y pasillo de su casa un niño nacido en Bilbao y residente en el barrio iruindarra de Errotxapea que respondía al nombre de Iñaki Williams. Pertenecía a una familia que había huido de la primera guerra civil de Liberia.

Un conflicto que arrancó a finales de 1989 y se prolongó hasta prácticamente 1996. Según datos de ACNUR, la contienda estuvo centralizada entre las fuerzas del Frente Patriótico Nacional de Liberia, formadas en su mayoría por miembros de las etnias gio y mano, y las tropas afines al entonces presidente  del país Samuel Doe, en su mayoría de la etnia krahn. Una guerra que estuvo marcada por la brutalidad, las matanzas de civiles, mutilaciones,  destrucción generalizada de propiedades y el reclutamiento de un gran número de niños soldado a quienes se solía obligar a matar para que demostrasen su lealtad. Un escenario de horror que provocó la muerte de más de 150.000 personas y que la mitad de los habitantes de Liberia huyesen de sus hogares. De los más de 1,7 millones de liberianos desarraigados, aproximadamente el 40 por ciento se refugió en los países vecinos y casi todos los restantes se convirtieron en desplazados internos. Es el caso de los padres de Iñaki Williams, Félix Williams –actualmente residente en Londres- y María Arthuer, que se conocieron en un campo de refugiados ubicado en Ghana, cerca de la capital Accra.

El ojo de Javier Aristu

Los inicios futbolísticos de Iñaki fueron en el Club Deportivo Natación de Iruñea, donde llamó la atención de Javier Aristu, directivo del CD Pamplona y club convenido del Athletic. Después de una serie de visitas de los ojeadores rojiblancos, no les hizo falta ni cinco partidos para decidirse. Williams jugaría un año en el Pamplona –club en el que se formaron, entre otros, Ziganda, Iñigo Larrainzar o Miguel de Andrés- antes de ser captado por la factoría rojilanca. Pese a que la incorporación no fue inmediata, a sus 15 años, el delantero comenzó a acudir a Lezama y empaparse del método de trabajo del Athletic. Pasó dos temporadas más en el Pamplona antes de que la entidad de Ibaigane lo incorporase definitivamente. Su estreno fue demoledor, 31 goles y la presencia del equipo en la final de Copa juvenil. Una cita en la que fue imposible superar al Real Madrid debido a la calidad blanca y una discutible actuación arbitral que dejó de señalar un claro penalti al propio Williams. El equipo dirigido por Gontzal Suances contaba también en sus filas con Alex Remiro, Urtzi Iriondo, Yeray o Unai López. Meses antes, también había formado para del grupo de canteranos elegido para disputar las NextGen Series, una especie de Champions juvenil. Un torneo en el que los cachorros se midieron al Arsenal, Olympiacos u Olympique de Marsella. Junto a Iñaki, Kepa Arrizabalaga, Aymeric Laporte, Jonás Ramalho, Guillermo Fernández o Ager Aketxe eran otros de los integrantes de aquel equipo.

La proyección de Williams siguió en el Baskonia, pese a que durante la temporada 2013-2014 sufrió algunos problemas físicos sus números eran incontestables. El ascenso de Guillermo al primer equipo le abrió las puertas del filial, respondiendo con ocho tantos en 14 partidos. Su nombre ya estaba en boca de todos y la puerta del primer equipo estaba cada vez más cercana. La temporada pasada arrancó con «Willy» como delantero titular en el Bilbao Athletic, siendo un futbolista devastador. Durante el primer tercio de campeonato anotó 13 goles con los cachorros. Los medios de comunicación auguraban su debut en el primer equipo y el propio Valverde aseguró no tener dudas de que «Williams jugará en el Athletic». Eso sí, no concreto su estreno como león.

De los gigantes de San Fermín en Nueva York, al coloso de Errotxapea en San Mamés
Al tiempo que Iñaki escalaba su último tramo para convertirse en un nuevo león, el 13 de noviembre de 2014, Fermin Muguruza inauguró en Alhondiga Bilbao el proyecto expositivo «Black is Beltza». Una obra basada en una  novela gráfica, del mismo nombre, que el polifacético músico de Irun completó junto al escritor Harkaitz Cano y el ilustrador mexicano Jorge Alderete. Un trabajo que cimentado en un curioso descubrimiento del propio Muguruza, la presencia de los típicos gigantes de las fiestas de San Fermín en la Exposición Universal de 1965 celebrada en Nueva York. Según sus palabras, «hace 14 años veo la fotografía de los gigantes de la comparsa de San Fermín desfilando por la Quinta Avenida de Nueva York. Es una foto impactante pero lo es aún más el pie de foto en el que se cuenta como se impidió desfilar a los gigantes negros por el racismo de la época».

Sin embargo, el 6 de diciembre de ese año, Williams, el colosa de Errotxapea, logró un hecho histórico, ser el delantero titular del Athletic. Un ejemplo de normalidad en la cantera rojiblanca el debut de un nuevo jugador formado en la factoría rojiblanca y clara muestra de la adaptación del club a la realidad sociológica del país. Al igual que durante los años 70, 80 o 90 cuando futbolistas nacidos en el seno de familias llegadas a Euskal Herria desde diferentes puntos del Estado español para ganarse una vida mejor se enfundaron la elástica rojiblanca ahora ocurre con los hijos de personas procedentes desde cualquier lugar del planeta. De los Sarabia, Jabo Sa, De Diego, Ferreira, Tabuenka, Karanka, Javi González o Jorge Pérez hemos pasado a Williams, Jonás y otros jóvenes que ahora están en las categorías inferiores. Es la realidad del país, es la Euskal Herria del siglo XXI. Y en la misma, el Athletic es un gran constructor de identidades colectivas, especialmente en Bizkaia. Prueba de ello fue la final de Copa del pasado mayo en el Camp Nou.

Su renovación, un éxito deportivo de calado social

Apenas habían pasado desde que un apresurado Iñaki avisó a su madre María con un elocuente «ama, toma el pase que igual juego». Su progenitora pudo ver in situ el debut de su hijo ante el Córdoba. Pronto llegaría su primer en gol ante el Torino o la cerrada ovación que recibió tras vaciarse ante el Real Madrid. El feeling entre San Mamés y Williams fue inmediato, versado en el chispazo a primera vista que genera el convencimiento de estar asistiendo a algo extraordinario. Y los hechos lo han confirmado.

Williams cuenta con los dos elementos más determinantes para un delantero, velocidad y gol. Lo más complicado de encontrar y lo más caro a la hora de pasar por caja. Siendo un diamante aún por pulir, el propio Raúl García le ha advertido de que el mayor freno que puede tenerse es «creérselo» y desde el club han buscado que ponga su foco en futbolistas marca de la casa como Aduriz y Gurpegi, sus credenciales son fantásticas. Con espacios es devastador, en el remate a un toque, sin pensarlo, es muy efectivo.

Durante el presente curso ha llegado su eclosión definitiva. Aunque no comenzó con suerte ya que en el simbólico viaje a Idaho, tierra donde los vascos echaron raíces en busca de una vida mejor durante el pasado siglo, Williams padeció una rotura muscular de la que recayó ante el Zilina en Eslovaquia. Una inoportuna lesión que le impidió disputar la Supercopa aunque disfrutó como el que más en la celebración. Con la careta de SanjoBuruz o un Arrano Beltza que consiguió entre la afición. Activo y carismático.

Retornó al equipo contra el AZ en Holanda y desde entonces su aportación ha sido capital. Goles y desborde que le habían puesto en el punto de mira de algunos de los mejores clubes de la Premier League. Entidades poderosas en lo económica, alguna incluso dispuesta a pagar los 20 millones que hasta hoy marcaba su cláusula. Sin embargo, a primera hora de esta tarde, el Athletic ha comunicado oficialmente la renovación del delantero.

Un acuerdo capital para la entidad de Ibaigane, que se asegura al menos hasta 2021 la continuidad de un jugador con un techo aún lejano pero con un gran presente. Asimismo, en lo simbólico, su renovación tiene unos efectos importantísimos para un club que en un breve espacio de tiempo ha conseguido atar tanto a Laporte como a Williams. Dos de sus puntales, lanzando un mensaje que cambia la cierta percepción de pesimismo en torno a la fidelidad de los jugadores que se había instalado en parte del entorno del club tras las salidas de Llorente, Javi Martínez, Herrera y Amorebieta. Asimismo, Iñaki es un factor clave para que muchos niños de diversos orígenes y colores residentes en Bizkaia sueñen con ser el nueve del Athletic. Para muchos inmigrantes africanos, Williams es un referente social y su enganche social y emocional con los leones. Una fidelización de primer orden, referente en el verde y también fuera del mismo.

El éxito es total. Así las cosas, la próxima vez que Fermin Muguruza pregunte aquello de «why do you say black in Basque?» le dirán que «Iñaki Williams». No hay duda, «Black is Basque».







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