jueves, 21 de enero de 2016

La República Independiente de Ikea

Les presentamos el comentario de Mertxe Aizpurua con respecto a la decisión del gobierno sueco de retirarle el reconocimiento a los saharauis para así destrabar la apertura de una tienda Ikea en Marruecos, el mismo nos llega vía Naiz:

De niña creía que Suecia era un lugar donde tan solo nevaba y hacía frío. Tanto frío, pensaba, que para combatirlo, sus altos y rubios habitantes comían siempre salmón ahumado. Pasaron los años, llegó Ikea a nuestras vidas, nos mostró que además de repartir premios Nobel los suecos cocinan también albóndigas de reno, y nos inoculó una compulsiva afición a montar muebles con los que crear espacios tan increíblemente propios que todo el mundo construye la misma república independiente en su salón.

Desde el sofá de casa, escucho en la radio que Suecia ha retirado su apoyo explícito a la independencia del Sahara para poder abrir una tienda Ikea en Marruecos. La noticia me sobresalta. Miro alrededor, y en un instante de extraña lucidez tengo la certeza de que, si todavía puedo reaccionar de esta manera, es solo porque el sofá en el que estaba repantigada no es de esa multinacional que factura 20.000 millones de dólares al año.  Es más; estoy segura de que la noticia no me habría afectado si llego a enterarme de la cuestión bajo el edredón "grusbald" o con el escurrecubiertos "ordning" –sí, ese metálico con agujeros–  entre las manos.

Mirar alrededor crea desasosiego. Descubres que ni la silla del comedor es un simple mueble ni el marco de fotos un objeto intrascendente. Son ideología. Mimética y del capital. Y el Gobierno sueco es hoy más Ikea que nunca, con unos principios tan fácilmente desmontables como esas estanterías "billy" que en breve empezarán a armarse en miles de casas marroquíes en Casablanca y en los territorios saharauis ocupados por Marruecos. El felpudo es para repúblicas imaginarias. La alfombra de bienvenida para esas monarquías reales que pisotean derechos humanos.






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