martes, 10 de noviembre de 2015

Rosa y el Euskera

En días recientes tuvimos la oportunidad de compartir varias publicaciones relativas al euskera. Hubo de todo, en el extremo negativo denunciábamos la actitud jeltzale frente al asunto que consiste en aplicar a rajatabla los preceptos del neoliberalismo mientras que en el extremo positivo anunciábamos la decisión de La Sorbona de abrir un espacio al euskera en la capital del estado francés.

En ese tenor, les compartimos este reportaje publicado en Deia:


Rosa, la profe de euskera que vino de Palencia

Aprobó el EGA, enseñó euskera a los vecinos y ahora dirige la concejalía de Cultura del municipio

Elixane Castresana

En la conservadora familia de Rosa Martín la noticia cayó como una bomba. En 1968, a los 19 años, la pequeña de siete hermanos se disponía a hacer la maleta en su casa de Palencia para trabajar como maestra en un pequeño pueblo del que solo conocía el nombre: Turtzioz. “¡Me llamaba el mundo!”, recuerda convertida hoy en una concejala de Cultura euskaldun. Y es que Euskadi conquistó a Rosa, que salió airosa con éxito del “maratón” que supuso aprobar el EGA a los 45 años.

Recaló en este rincón de Enkarterri a punto de cumplir la veintena con el título de Magisterio en el bolsillo, “superadas dos reválidas”. La siguiente etapa, aclimatarse a una forma de vida distinta a la que había conocido hasta entonces, resultaría mucho más sencilla.

Frente a la hospitalidad con la que la acogieron en su localidad de adopción y las alegres romerías, “el miedo azuzado por la religión” que se respiraba en la “cerrada” Castilla tenía todas las de perder. Primero se instaló en el piso superior del bar del pueblo, más tarde en la casa del alguacil, “donde ahora se encuentra la kultur etxea”. Entre clase y clase daba buena cuenta de la comida que le preparaba “Amparín, de la que me acuerdo mucho”, o asistía a guateques, como el que prepararon para darle la bienvenida. Aquel día, nada más cruzar una mirada con un chico “vestido con jersey color butano y aire a lo Humphrey Bogart”, sintió que el corazón le daba un vuelco. Él la cortejó con serenatas como si de una película romántica se tratara. “Cuando le comenté a mi casera entre risas lo mucho que gritaba me respondió muy seria: cállese, señorita, usted va a casarse con él”, evoca.

Y así fue. Su trayectoria alejó a Rosa de Turtzioz en lo profesional, aunque visitaba el municipio periódicamente. Trabajó en Deusto, Barcelona, Plentzia y Leioa, donde dirigió el colegio Artaza. Desde el principio se trazó una meta: dominar el euskera, y para ello, estudió “casi las 24 horas del día durante dos años para aprobar el examen del EGA”, dice. Tampoco ha olvidado el primer libro en euskera que leyó “sin despegarme del diccionario para buscar las expresiones que no entendía”. Fue Obabakoak. ¿Le facilitó la tarea su labor docente? “Aunque el euskera es un idioma dificilísimo, a medida que aprendía veía una lógica aplastante en la gramática e iba creando mis propios trucos, que más adelante compartí con mis alumnos”, contesta. Lo cierto es que solventar el reto con sobresaliente a los 45 años le permitió impartir clase en el modelo lingüístico D.

Una vez jubilada, en 2012 regresó a Turtzioz, esta vez para quedarse. “Es un municipio precioso, pero quizás demasiado tranquilo para mí”, valora Rosa. Cumplió su propia máxima a rajatabla cuando se le presentó la oportunidad de enseñar euskera en un curso promovido por el Ayuntamiento a un grupo heterogéneo en cuanto a la edad se refiere -entre sus pupilos había desde veinteañeros hasta vecinos que rondaban los 70-, pero muy unido. “Fue increíble las ganas de aprender, el compañerismo y la disciplina con la que se tomaron las clases”, elogia la andereño. Al principio se sentaron a la mesa según sus afinidades. Ella, con mucha experiencia a sus espaldas, implantó una norma: rotar los asientos “para que se fueran conociendo y todos ayudaran a todos”.

Un pueblo unido
Esta misma filosofía la aplica Rosa en su nueva etapa como concejala de Cultura de Turtzioz tras las elecciones del pasado mes de mayo. “No sé nada de política, solo que quiero que la gente del pueblo se lleve bien, que estemos unidos. Lucharé por los padres, las madres, los niños, la escuela y las asociaciones”, reflexiona. Ya se ha reunido con los colectivos de diferentes ámbitos de su jurisdicción para dar a conocer sus proyectos a todos: “Potenciar el euskera o poner en marcha una haurreskola”. La palentina más trucense volcará su energía para conseguirlo, como siempre ha hecho.



Qué más podemos decir... eskerrik asko Rosa!




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