El largo camino a la Independencia, Paz y Justicia para Palestina

martes, 15 de diciembre de 2009

Una Luz Desde Caracas

La diáspora vasca en América Latina está metida en un limbo desde que el régimen de Juan Carlos Borbón impusiera a mansalva a su lacayo Francisco López al frente del gobierno de la CAV. Hace unos días circuló por la red la noticia de que el gobierno de Lakua le había negado las ayudas a seis instituciones vascas, opiniones al respecto fueron vertidas y al final todo volvió a la calma. Hasta hoy que hemos recibido este texto en el correo:

UN HECHO INSÓLITO OCURRIÓ EN EL CENTRO VASCO DE CARACAS

El pasado sábado 29 de Noviembre acudí junto a esposa e hijos a nuestra Eusko Etxea de Caracas como suelo hacer todos los fines de semana, con el aliciente de que en esta oportunidad se desarrollaría un acto de conmemoración de los 70 años de la llegada a Venezuela de los primeros exiliados vascos de aquella guerra que acabó con nuestras libertades y estableció definitivamente a Franco en el poder. Un acto diseñado, convocado y organizado exclusivamente por el Centro Vasco de Caracas que serviría de homenaje a aquellos, aun en vida, que pisaron por primera vez tierra venezolana en 1939 y que contaría, como colofón, con la presentación del grupo de danzas vascas Ortzadar (Iruña, Nafarroa).

Una cita que para mí, que acudo todas las semanas a nuestra Eusko Etxea, era de sumo interés. Hice caso omiso a que desde semanas previas se anunciaba en la cartelera dicho evento como un Homenaje a los “emigrantes” vascos. Sí, "emigrantes" es lo que reza el letrero y quise restarle importancia pensando en una confusión (injustificable, por cierto) de quien la redactó.

Pero cual será mi sorpresa cuando me acerco al frontón ya con el evento iniciado y veo en el micrófono a un personaje totalmente desconocido, fungiendo como presentador y convocante de las personas a ser homenajeadas y cuando pregunto a un miembro de la Junta Directiva de quien se trata me dice que es el delegado del actual gobierno vasco que se presentó, sin ser invitado, a traer y leerle al público presente una comunicación para la ocasión, firmada por Francisco López. Ante mi absoluto asombro y desconcierto pedí se me confirmara si el personaje había sido oficialmente invitado y el directivo, no sólo me repitió que no lo esperaban sino que además, de la manera más grosera y descortés, de a voz en grito, me respondió: "¿Qué querías que hiciéramos?' ¿No es acaso el representante del gobierno vasco? cuando le formulé la pregunta de cómo, si el individuo no había sido invitado, se le permitía oficiar de presentador del evento.

Es de esas cosas que te ocurren en la vida y que te dices "Si lo sé no vengo".

Ante lo absurdo de la situación, con un sujeto totalmente ajeno a nuestra comunidad, no sólo ajeno sino enemigo de nuestra comunidad (y pasaré posteriormente a sustentar esta afirmación) llamando por nombre y apellido a seres absolutamente entrañables en nuestra colectividad para entregarles un documento no previsto en el programa oficial, sustituyendo o, mejor dicho, ocupando indebidamente el lugar que le correspondía al Lehendakari de nuestra casa requerí información de otro miembro de la Junta directiva que se acercó a saludarme y su respuesta, absolutamente prefabricada, terminó de demostrarme que estaba ante un hecho consumado y deliberado : " Es el representante del gobierno electo por el pueblo". Le respondí que eso es una verdad sólo a medias pero que existen normas, reglamentos y conductas formales pre- establecidas y entre ellas las normas protocolares que no pueden saltarse a la torera.

-"¿Quien convoca al evento?" pregunté

-"El Centro Vasco", respondió

-"¿Quien organiza el evento, de quien es la iniciativa?", insistí

-"Del Centro Vasco", contestó

-" Entonces", aseveré, "el que invita al acto, el dueño del micrófono (el Centro Vasco) debe ser quien oficie de presentador".

Estoy escribiendo esto no sólo en mi calidad de vasco en Venezuela, de militante por la autodeterminación de la nación que me vio nacer sino también y principalmente como Socio Activo del Centro Vasco de Caracas. Cuando decidí hacerme socio de nuestra Eusko Etxea fue con la mayoría de edad a cuestas y por decisión absolutamente personal, tras conocer su historia y sobre todo acogiéndome al cumplimiento y acatamiento de sus Estatutos cuyo primer artículo reza textualmente de la siguiente forma:

ESTATUTOS DE LA ASOCIACIÓN CIVIL CENTRO VASCO DE CARACAS

CAPITULO I

NOMBRE, OBJETO Y DOMICILIO

ARTÍCULO 1.- El Centro Vasco de Caracas es una Asociación Civil sin fines de lucro, domiciliada en Caracas, con personalidad jurídica propia y tiene por objeto:

1. La constitución de una Comunidad Social, Cultural y deportiva de origen Vasco.

2. La afirmación y defensa de la personalidad como también el derecho de auto determinación de Euzkadi (Nación Vasca), actuando y fomentando para tal fin toda clase de manifestaciones históricas, culturales y folklóricas, exaltando la nacionalidad.

3. Mantener y promover los ideales nacionales entre vascos, reforzar los sentimientos patrios, así como la difusión de su lengua, “el euskera”, cultura e historia.

4. Prestar una especial atención a los vascos recién llegados al país.

5. Mantener un respeto absoluto al pensamiento filosófico y religioso que tengan sus asociados.

6. Promover lazos de hermandad entre los pueblos vascos y venezolanos.

Queda claro que me sumé a un colectivo que tenía por objeto, entre otros, la defensa de la nación vasca y la promoción de sus ideales nacionales. Por lo tanto, conscientemente decidí sumarme a una Asociación de vascos. Porque si hubiese querido juntarme con españoles para eso tenía una amplia oferta de clubes, sociedades y asociaciones a lo largo y ancho de la ciudad de Caracas.

No puedo sino indignarme al ver cómo, de la manera más entreguista, la actual Junta Directiva del Centro Vasco de Caracas echa por la borda tantos años de historia y sobre todo los principios en los que se basa la creación de la Eusko Etxea. Así a muchos actuales socios no les guste reconocerlo, el Centro Vasco se creó, producto de decisiones políticas con la finalidad de ser un foco de resistencia ante la criminal persecución a nuestra nación Euskal Herria, Euzkadi según el concepto etno-idiomático de sus fundadores. No me voy a explayar sobre el tema porque somos todos mayorcitos y cada quien sabe por donde van los tiros.

El hecho es que mi protesta, pública y lau haizetarat (a los cuatro vientos) se basa, no sólo en el reclamo por un hecho puntual sino por las circunstancias en las que ocurre.

Todas las informaciones que llegan de Euskal Herria confirman una ofensiva brutal contra nuestro pueblo, contra nuestra nación y nuestra cultura en cada una de sus expresiones. Esa ofensiva, coordinada desde Madrid y Paris, tiene en Euskal Herria actores ejecutores principalísimos y, a la cabeza, un tal Francisco López y su partido Socialista Español que, junto al Partido Popular español escenificaron uno de los capítulos más deshonrosos de la historia política reciente al desconocer la voluntad mayoritaria del electorado vasco y confabularse en una alianza anti-natura y generar un gobierno autónomo que desplaza al partido más votado y a sus eventuales aliados. En unas elecciones donde, por cierto, las instrucciones de los poderes reales de Madrid, sistema judicial mediante, anulan los votos de más de 110.000 electores abertzales (patriotas) configurando así uno de los más escandalosos fraudes electorales cometidos en suelo europeo y quitándole a la sumatoria de votos nacionalistas vascos la representatividad en el Parlamento vasco a favor de la minoría socio-política españolista.

Esa es la cruda realidad. Desde el mismo momento de la asunción de Francisco López del cargo de presidente del gobierno vasco se cubre con un manto de legalidad (pero jamás de legitimidad) la triquiñuela españolista que vuelve a acorralar a nuestro pueblo.

Las noticias que vienen desde Euskadi no pueden ser más inquietantes. Se ha desatado una auténtica cacería y persecución que ha pasado de la represión política al cercenamiento de todos los derechos culturales que veníamos recuperando desde 1978. Desde el primer gesto imperial español de imponer por primera vez la bandera española en el palacio de Ajuria Enea nada más tomar posesión del cargo hasta la actual razzia de expulsiones de la televisión y radios públicas vascas de cuanto profesional exteriorice su fidelidad a su condición de nacionalista vasco, pasando por una larga lista de atropellos, persecuciones, represiones contra toda manifestación cultural y social en pueblos, villas y caseríos.

En poco tiempo se han eliminado subsidios a las ikastolas, se persigue el uso del euskara en las escuelas públicas, se obliga a la implementación del castellano como lengua co-oficial en los institutos con sistema euskaldun. Se imponen maniobras militares con la colocación de la bandera española en la cruz del Gorbea, se persigue a nuestra juventud en cada una de sus manifestaciones así sean meramente festivas. Se impone en los actos oficiales la presencia de los altos mandos de la Policía Nacional española y de la Guardia Civil, se persigue, se borra de las ciudades cuanta memoria colectiva exista de las víctimas del franquismo y un montón de cosas más que están sucediendo a diario y que tienen a nuestra nación (la vasca) contra las cuerdas.

Y eso adobado con una profusión mediática sustentada en una ofensiva sin precedentes y aliñada con un estilo muy “tipical spanish” de hacer la política, sin escrúpulos, sin principios.

El estilo de Francisco López, alias Patxi, es el que tanto le ha funcionado a connotados socialistas españoles en el pasado, sonrisa, demagogia y pandereta (pero con el mazo dando) el estilo de Felipe González, el de los Barrionuevo y Cia (los Gal, las desapariciones, la tortura masiva, los escándalos de corrupción, el oportunismo y el descaro como forma de vida).

En esa onda, en esa ofensiva se enmarca una estrategia política que mira hacia la Diáspora Vasca, hacia los vascos del continente americano. Ahí donde el patriotismo vasco tiene quizás un marcado simbolismo y un potencial inagotable para la resistencia de nuestro pueblo. Por eso los pocos (porcentualmente) electores vascos que vivimos en América recibimos primero la propaganda electoral del PSE (partido socialista español) y del PP, sus cartas y sus guiños y carantoñas, sus ofertas en forma de promesas de carácter social (lo material), sus caramelos envenenados.

Y hablar de diáspora vasca es hablar de su forma asociativa más común y más eficaz, es hablar de las Euskal Etxeak, cientos de casas vascas a lo largo y ancho de América, focos inagotables de resistencia cultural, social y política. Unas más, otras menos guerreras, pero ¿quien puede dudar que constituyen un quebradero de cabeza para el españolismo transculturizador?

Y dentro de ese ancho abanico de centros vascos la Eusko Etxea de Caracas como referencia obligada. No es la más antigua, no, porque su conformación se efectuó a partir de un hecho político innegable, a raíz del exilio, EXILIO, de la persecución política desatada por la España profunda, de los bombardeos, de los fusilamientos, de las detenciones, torturas, de la represión salvaje hasta por el mero hecho de hablar nuestro propio idioma. Una “Euzko Etxea” con una denominación política y filosófica que no daba lugar a dudas. Producto del empeño y la dedicación de exiliados, militantes de las diferentes formaciones políticas vascas de la época, que crearon un foco de resistencia ante la salvaje ocupación militar y policial de nuestra tierra. Una asociación cuyo aporte, a través del apoyo económico, político, cultural, por todos los medios, escritos y radioeléctricos, etc… desempeñó un papel estelar en todas las luchas que se desarrollaban en Euskal Herria.

La primera Euskal Etxea de América presente en momentos estelares de nuestra historia desde el exilio de nuestro primer Lehendakari Jose Antonio Agirre, pasando por la lucha contra el proceso de Burgos, hasta constituirse en la primera Euskal Etxea del mundo en suscribir el Pacto de Lizarra-Garazi.

No hace falta ser muy dotado intelectualmente (aunque sí bastante bien intencionado) para entender que en esa estrategia política del ilegítimo gobierno de coalición PSE-PP, de “ablandamiento”, de neutralización, de “domesticación” de las casas vascas de América, obtener la cabeza de la Euskal Etxea de Caracas es punto de honor.

La “Caracas’ko Euzko Etxea”, la hasta ahora irredente, la ejemplar, la que se niega a formar parte de la Asociación de Colectividades Españolas en Venezuela, la que nunca ha permitido la entrada a pesar de múltiples solicitudes, halagos e insinuaciones a los Embajadores y Cónsules Generales del Reino de España, esa casa vasca es el galardón más preciado para cualquier funcionario de media escala al servicio del españolismo.

Y ese funcionario está ahí, tocando la puerta trasera y llegando al frontón con micrófono en mano en un plis-plas, en un abrir y cerrar de ojos (por decir alguna parte del cuerpo). Ese funcionario se llama Iñaki Martínez y ha logrado, en tan sólo unas semanas en función, un protagonismo sólo comparable al de su amo, Francisco López, allá en Gazteiz. Basta con analizar una de las tantas reseñas que sobre el evento del día posterior (Domingo en la Plaza de La Castellana) hace uno de los más connotados medios de la prensa monárquica y post franquista , el ABC:

Supervivientes del exilio vasco de 1939 homenajeados en Caracas

Lo que debió ser un acto de la comunidad vasca en honor a sus mayores, mediante la conducción incuestionable de la Junta Directiva de nuestra Eusko Etxea termina convertido en un acto político-partidista para la promoción del gobierno de Francisco López. Los monarcas y jerifaltes de Madrid aplauden la jugada.

Nosotros ponemos la mesa, pagamos los platos y el extraño se come y se bebe el menú.

Resulta que el acto lo monta la Euskal Etxea pero el que aparece homenajeando a los exiliados es un aliado del PP, del franquismo que los llevó al exilio.¡ Deshonra ! ¡Vergüenza!

Semejante despropósito no puede pasar por alto. Un socio del centro vasco, cuando estaba ocurriendo lo narrado me dijo que se iba a dar de baja y confieso que fue lo primero que se me vino a la cabeza. Pero el tiempo siempre alivia las angustias y permite meditar las cosas.

No me voy a dar de baja. No soy yo quien entregó la conciencia y pisoteó tantos años de historia. Cada quien que asuma su responsabilidad.

Lo primero que hago (que no será lo único) es denunciar la barbaridad que me tocó presenciar y, sólo la cortesía con los homenajeados (inocentes de estos hechos) impidió que elevara en tono mayor mi protesta. No quise estropearle la fiesta a quienes allí estaban y preferí dejarlo hasta ahí, por ese momento.

Pero le reclamo indignado, mediante este escrito público y universal, a la Junta Directiva, por haber violentado en ese evento, todos los preceptos y acuerdos que nos asocian.

Le reclamo el no haber sido informado mediante cartelera y el respectivo aviso, del verdadero programa del Acto al que fui invitado, le reprocho no haber anunciado la presencia del delegado del gobierno ilegítimo de Francisco López para yo, como socio activo de pleno derecho, decidir libremente si asistía o no. No me gustan las trampas y las triquiñuelas, tan características de los españoles, mediante las cuales fui a hacerle bulto a un agasajo que terminó siendo una presentación formal de un funcionario al servicio de los más altos intereses de nuestros enemigos. Eso no se lo perdono a la Junta Directiva del Centro Vasco de Caracas.

Y digo a la Junta porque, aun sabiendo que hay disparidad de opiniones en su seno, no estoy personalizando porque no se trata de un asunto personal. Ha habido una política institucional que cambia el sentido del artículo 1 de nuestros Estatutos sin la debida consulta a la masa social de la Asociación.

Ha habido un manejo irrespetuoso, burlesco e inelegante con el resto de los socios que debimos ser consultados sobre el acercamiento de nuestra Eusko Etxea al manejo político por parte de unos inescrupulosos que llegaron al poder de la forma más rastrera.

No me voy a dar de baja. Porque no me avergüenzo de ser vasco y de estar en una asociación que tiene como finalidad “La afirmación y defensa de la personalidad como también el derecho de auto determinación de Euzkadi (Nación Vasca)”. Los que incumplen con este precepto son los que están libres de marcharse. Es por eso, por la engañifa con la que han actuado, que les exijo ofrezcan disculpas por la vulgar manipulación a la que sometieron a todos los asistentes al acto y que le expliquen al conjunto de los socios el precio ofrecido por semejante acto de indignidad, ¿a cambio de qué?, ¿de un subsidio?, ¿de alguna promesa de subvención? ¿Cuál fue el precio por semejante arrodillamiento? ¿O será, como me temo, a cambio de una sencilla palmadita en el hombro?

Les exijo que, si les queda algo de dignidad, renuncien a la pretensión de representar a la comunidad vasca en Venezuela.

Luis Alberto Trincado Gallaga
Socio Activo T-503

PD: Quiero dejar bien claro, para todos los que puedan leer esta comunicación, que no está en mí la intención de discriminar peyorativamente a “emigrantes” de “exiliados” ya que ambas condiciones, aun siendo por motivos diferentes aunque conexos, son igualmente dignas de respeto y hasta admiración. Sólo que quiero reafirmar la condición de exiliados de quienes fueron homenajeados ya que su llegada a Venezuela fue producto de la persecución política a la que fueron sometidos y por lo tanto, lo que rezaba en la convocatoria era una errónea ( y luego descubro que convenida y acomodaticia) descripción de su condición


Esto sí es ser un vasco de la diáspora.

Este texto se lo dedicamos especialmente a los que en México piensan que pueden ser "propietarios únicos" de la identidad de los vascos, a los que se niegan a crear lazos de solidaridad y conocimiento mutuo con los mexicanos, a los que se dicen vascos por que eso asegura que no son descendientes de "indios", a los que hablan con acento castizo después de 70 años de haber llegado a México, a los que son vascos solo durante el Aberri Eguna y especialmente a los que dictan quien es vasco y quien no lo es pero que cuando conviene a sus bolsillos se presentan como españoles.

Por cierto, el apellido materno de Miguel Hidalgo y Costilla era precisamente Gallaga, pues su madre era vasca. Algo que no se le informa a los niños mexicanos en la escuela, situación que la comunidad vasco-mexicana no se ha preocupado en remediar.

Por cierto, en Euskal Kultura se cubrió el evento bajo el título "Crónica fotográfica del homenaje tributado en Caracas a la generación exiliada de 1939", entre las fotos aparece esta:



[Palabras del Delegado de Euskadi en Colombia y Venezuela, Iñaki Martínez, en nombre del Lehendakari Patxi López]



.... ... .