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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Fascismo y Apartheid en el Estado Español

La situación actual del pueblo vasco es simplemente excepcional, pero no vaya a pensar el amable lector que las cosas están muy pero muy bien, al contrario, estamos hablando del estado de excepción al puro y duro estilo Apartheid que se sufre en este momento.

Estas dos editoriales de Gara hablan a este respecto:



Los tribunales españoles no sólo hacen política, también la niegan

El guión establecido por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se cumplió y la Sala 61 del Tribunal Supremo ilegalizó ayer Acción Nacionalista Vasca. El partido ekintzale no es sólo parte de la historia del nacionalismo vasco, sino muy especialmente una parte relevante de la resistencia contra el fascismo en la Europa del siglo XX. Ni la impoluta tradición democrática que tiene esa formación, ni la historia ni el Derecho han podido con la razón de estado. Con su sentencia el TS rompe, además de con los principios básicos del Derecho, con categorías físicas como el espacio y el tiempo. Si no, ¿cómo puede un partido con casi un siglo de historia suceder a otro que nació 70 años después?

A menudo se suele acusar a los tribunales españoles de estar politizados -el acuerdo entre partidos para la renovación del CGPJ adoptado la semana pasada es una muestra evidente de ello- o directamente de hacer política en vez de aplicar el Derecho. En el caso de los sumarios abiertos tanto en la Audiencia Nacional como en el Tribunal Supremo o en el Constitucional sobre cuestiones relativas al conflicto vasco, sea el encausado político electo o simple ciudadano de a pie, no sólo es cierto que los tribunales españoles son meros instrumentos de los políticos de turno, sino que su función es negar la posibilidad de que los vascos puedan hacer, precisamente, política. Si no pueden manifestarse o reunirse, si no pueden publicar artículos que de la pluma de cualquier español no generarían problema alguno, si no pueden votar o ser votados, si no pueden poner en marcha negocios libremente o formar parte de asociaciones culturales y, sobre todo, si no pueden llevar a cabo los proyectos que tienen un apoyo importante dentro de su sociedad... ¿qué clase de política pueden hacer los vascos?

En una sola semana el sistema judicial español ha determinado que no se puede consultar a la ciudadanía sobre política, que no se pueden conformar partidos verdaderamente independentistas y de izquierdas, y es probable que hoy mismo disponga que incluso solidarizarse con los represaliados o denunciar la vulneración de sus derechos es también delito. ¿Qué más debe ocurrir para que se acepte que la situación en Euskal Herria es totalmente excepcional y que no llega a los estándares democráticos más básicos?


Y el segundo:


También hay políticos vascos que no hacen política, sólo «gestión»

Mientras el Tribunal Supremo español ilegalizaba un partido nacionalista vasco, el presidente del Partido Nacionalista Vasco departía con la prensa rodeado de empresarios, amigos o ambas cosas a la vez. El tema de su conferencia no era la grave situación en la que se encuentran la nación y la política vasca como consecuencia del ataque sistemático y organizado del Estado español. Su preocupación era cómo hacer entender al PSOE que su lealtad inquebrantable, su espíritu de la responsabilidad y su invitación a la gobernabilidad deben de tener algún tipo de contrapartida. Parece que el mazazo del Tribunal Constitucional no ya a la propuesta de Ibarretxe, sino a las mínimas aspiraciones nacionales vascas, no ha hecho mella en la dirección jelkide, que se dispone a negociar los presupuestos con Moncloa en un clima de normalidad pasmosa.

Iñigo Urkullu no parece querer entender que cuando dice que «el objetivo del PNV es lograr más autogobierno, no la consulta» está poco menos que pidiendo el voto para el PSE, dado que el equipo de Rodríguez Zapatero ha dejado claro que no abrirá esa puerta a menos que Patxi López esté al otro lado de la misma. Cuando, por un lado, hace años que el Estado cerró el pírrico hilo de las competencias y, por otro, una gran parte de la sociedad vasca y toda la base social abertzale hace mucho tiempo que abandonó ese estéril camino para apostar por la autodeterminación, la posición del EBB aparece totalmente alejada de la realidad vasca.

Las actuaciones del Estado español anteriormente mencionadas son fruto de los Pactos de la Moncloa firmados por el PNV hace ahora treinta años. Si fuesen mínimamente honestos, los jelkides deberían asumir que «con el Estatuto» ahora hay más presos que nunca, las libertades civiles y políticas se han retrotraído a tiempos de la dictadura, la partición de los territorios vascos es lo único que aparece blindado por el Estado y ésta es la enésima generación que aparece hipotecada por el mismo conflicto político. A estas alturas del partido, lo único que ha garantizado ese Estatuto es un sucursalismo que ahora corre peligro. La estrategia de no perder -poder, prebendas, puestos...- opuesta a la de ganar -derechos, libertades, pueblo...- es precisamente la que ha llevado al PNV a esta situación.


Apartheid y traición, que combinación, pero aquí nadie da un paso atrás.



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