martes, 13 de noviembre de 2007

Los Arango y Aurrerá

La administradora de Vascos México nos comparte esta nota aparecida en el diario Reforma de la Ciudad de México. En la misma, dan cuenta de los hermanos Arango (mismo apellido que Doroteo Arango Arámbula, conocido como Pancho Villa) y de como estos hermanos crearon las tiendas denominadas Aurrera, tal vez la palabra en euskera más conocida en México, aunque la mayoría de la gente no sabe esto ni tampoco su significado.

Y es que en Vascos México están fascinados con las historias de éxito de los migrantes vascos, pero solo las que tengan con ver con éxito comercial, porque por lo general les gana el etnicismo ramplón y prefieren ocultar a los descendientes de vascos que han descollado en otros campos, como el ya mencionado Pancho Villa.

Por ejemplo, en su recién publicado libro Los Vascos del México Decimonónico, su autor, Jesús Ruíz de Gordejuela Urquijo menciona que uno de los signantes del documento fundacional de la Sociedad de San Ignacio de Loyola, precursora del Centro Vasco de la Ciudad de México, era un tal Santiago Eguía. Páginas después casi subrepticiamente nos informa que existió un tal Joaquín Eguía Lis y que algo tuvo que ver con la fundación de la Universidad Nacional Autónoma de México. Lo que nunca nos dice es que ambos personajes eran hermanos y que el segundo además fue director de la Escuela de las Vizcaínas... además de ser el padre del General Rafael Eguía Lis quien después de que fuese desmantelado el ejército federal mexicano tras la derrota del golpista y asesino Victoriano Huerta se uniese al ejército suriano de Emiliano Zapata. A este último Ruíz de Gordejuela ni lo menciona. Así las cosas.

Pero bueno, aquí les dejamos con esta bonita historia de vascos exitosos a la PNV.

Disfrutenla:


Los Arango

Luis Ramón Carazo

El 1 de diciembre de 1958, Jerónimo, Plácido y Manuel Arango Arias abrieron un punto de venta en la esquina de Bolívar y 5 de Febrero, en la Ciudad de México, con el nombre de Aurrerá (que en vasco significa "adelante"), apoyados económicamente por su papá, don Jerónimo. La idea le surgió a Jerónimo hijo a partir de un viaje que realizó a Nueva York en 1956. Desde Nueva York, les escribió a sus hermanos, Plácido y Manolo, sobre las tiendas de descuento y la revolución que significaba para, el comercio, aquel modelo de negocio.

Aurrerá Bolívar fue un concepto distinto al que estaban acostumbrados los capitalinos, y el día de la inauguración el caudal humano fue impresionante: las colas para entrar eran largas. Se ofrecían ropa, mercancías generales y abarrotes; años más tarde agregaron perecederos. A la clientela, en aquel momento, le llamó la atención el poder tocar y escoger lo que quería comprar, para liquidarlo en una línea de cajas, práctica, que algunos afirman que se utilizó aquí por vez primera en el mundo, gracias al ingenio y capacidad de ejecutar la idea original de Jerónimo Arango, quien, con sus hermanos, Plácido y Manolo, trabajaba de "sol a foco".

La innovación contemplaba los carritos para colocar la mercancía y el autoservirse, lo que representó un aprendizaje para los clientes. La sensación de tocar, escoger, ver el precio, tomar la decisión de compra, y luego pagar, fue novedosa y atractiva. Aurrerá Bolívar rompió récord de venta por metro cuadrado a nivel mundial, y fue una clara señal de que se podía tener rentabilidad con un modelo de gestión que permitía ahorros en la operación, y que hasta 1958 sólo se conocía en los supermercados.

En 1960, no existía en el Distrito Federal algún espacio que pudiera llamarse centro comercial. En una zona recientemente urbanizada, atravesada por una gran avenida (Universidad), los Arango decidieron construir el primero en la ciudad (como anécdota, el edificio de REFORMA es vecino de ese centro). En un terreno de Avenida Universidad, de 20,000 metros cuadrados, se construyó un edificio de cinco mil, con dos mil metros de bodegas y un amplio estacionamiento al frente, que estaba rodeado de locales de comercios como la cafetería (famosa por sus hot cakes) de Aunt Jemima, la tienda de ropa y telas de Almacenes García y una farmacia con un pequeño restaurante, y otros servicios, como tintorería y lavandería.

La apuesta por construir el centro comercial fue arriesgada: estaba rodeado de ciudades pérdidas y con pocos medios de comunicación. Lo nuevo, lo atractivo, el gancho (como le llaman coloquialmente los comerciantes) eran los precios bajos y el autoservicio. La difusión de la política de precios de Aurrerá hacía que los clientes se desplazaran grandes distancias para comprar. El eslogan publicitario de aquella época de comprar, "Todo bajo un mismo techo", fue un tiro. El 12 de diciembre de 1960 se inauguró Aurrrerá Universidad, y tal fue el éxito, que días más tarde tuvo que cerrar uno, para reabastecerse adecuadamente (en gran medida, cierto, pero también un buen golpe publicitario, de Augusto Elías, para colocarse rápidamente en la mente del consumidor).

En 1962, después de negociar con el gobierno capitalino, pudieron abrir los domingos hasta las 2 de la tarde, lo cual fue todo un acontecimiento. En 1965, nació Superama, y en 1966 se alía la familia Arango con la empresa de Estados Unidos Jewel Company; luego vendrían Suburbia y la expansión a todo el país; posteriormente, las tiendas Vips, y en 1975, El Gran Bazar. En 1977, Aurrerá, bajo la dirección de Jerónimo Arango, se inscribió en la Bolsa Mexicana de Valores, dando paso a ser una empresa institucional y a convertir a sus colaboradores de la empresa en accionistas. En el año 2000 desaparece Cifra, y la pizarra en la Bolsa Mexicana de Valores se sustituye por Walmex.

En el año de 1965 los hermanos Plácido y Manuel se desligaron de la operación; hoy en día Manuel es uno de los promotores mexicanos más activos en la filantropía, y uno de los más decididos defensores de la protección ambiental. Plácido es el presidente del Patronato del Museo del Prado, que, tras una década de trabajos de remodelación, abrió sus puertas en Madrid a la convocatoria internacional. En la casa de los Arango ocurrió buena parte de lo que se cuenta, y que muestra que el espíritu innovador sirve en los negocios para emprender, y en la vida diaria, para darle tiempo a nuestros semejantes y a nuestras aficiones.

Luis Ramón Carazo es profesor de asignatura del ITAM, consultor y consejero de empresas y miembro por varios años del Consejo Internacional de The Strategic Leadership Forum. lr_carazo@yahoo.com.mx





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